¿No entiendes lo que pone?

domingo, 8 de julio de 2012

Recordándote cada minuto

Aquí estoy. Escuchando la canción favorita de una de mis mejores amigas. Mientras ella duerme, nueve horas más atrás. En otro continente. Como si del pasado se tratase. Hace unas horas bromeábamos eso mismo por el skype.

Beatriz Arcones en todo su esplendor.
Recuerdo que una vez la prometí que iba a escribir algo bonito sobre ella. Sobre todo el cariño que me ha dado durante estos últimos tres años. Yo siempre la respondía que no tenía tiempo porque teníamos que dar el último paso antes de los finales de junio. Pero ahora me he quedado sin excusas. 

He de admitir que no se ni por dónde empezar.

Recuerdo tu primer día en el colegio. Era lunes. Fue poco después de tu cumpleaños. 

Llegaste a la primera hora, naturales. Me pediste por favor si podía compartir contigo el libro, ya que eras nueva y aún no tenías ningún material. Segundo de secundaria. Fue un buen año. Ahí formamos nuestra pequeña familia Lucía, tú y yo. El matrimonio y su hija, donde más tarde aparecería nuestro pequeño Andrius, mi hermano. El año pasó tan rápido como sopla el viento. Pero aún anhelo todos esos días en los que nuestra mayor preocupación era saber la locura que íbamos a cometer. El verano cada vez estaba más a nuestro alcance, el cual pudimos disfrutar juntas, la una al lado de la otra, en la playa.

Las conocidas BRJ una tarde cualquiera.
Tercero de secundaria llegaba antes de lo que imaginábamos. 
Por suerte, la familia volvió a juntarse y a multiplicarse. Los llamados Jalebijoru. ¡Qué cantidad de recuerdos se me vienen a la mente! James, mi marido, quien trabajaba para vosotros en el jardín, pero con quien también se enrolló Lucía, María, Raquel e incluso tú. La verdad es que, me dejasteis hecha toda una cornuda. Lolo, quien se suponía que era tu marido, después del divorcio con Lucía, con quien discutíais mi custodia. Pero al fin llegaba cuarto. 
No sin antes una buena dosis de arena y mar, la cual volvimos a compartir.
Todo estaba hablado. Las nuevas clases llegaron a nuestros oídos, y con ellas, hicimos de un largo pero grandioso curso, una realidad. Lleno de anécdotas, recuerdos e incluso lágrimas para derramar. 
Solo una ilusión más escrita por nosotras. 

Abril del 2012. París.
Pero cuarto acababa más rápido de lo que podíamos haber siempre creído. 

Comenzamos como todos esos peques que se ponen nerviosos el primer día de colegio. Sin embargo, fuimos creciendo. Y ya no solo físicamente, sino también con el corazón. Porque solo nosotras sabemos lo que significa eso de la amistad de verdad. Por suerte, somos esas tres de las pocas afortunadas. Compartimos muchísimos recuerdos. Aún nos recuerdo aquel viernes después del colegio, recolectando dinero a cambio de papeletas. O ese magnífico viaje a la ciudad del amor, ese gran admirado París. Días en el cine, tardes en el parque. Recreos interminables. Pero esa satisfacción de sentirte mayor. 
Esa sensación debida a cuatro años machacadores. Esos de educación obligatoria que nos condujeron al título y que finalicé a vuestro lado, en la graduación. 

Ahora nos queda un verano más por delante. 
Tú en Canadá y nosotras en España. Hablando mañana y tarde por skype a pesar de como dije antes, esa odiosa barrera llamada diferencia horaria. 
Porque madrugar no gusta, pero si es para hablar contigo, merece la pena. Por mucho que el tiempo vuele. 

Solo me queda por decir una cosa. Tan solo cuatro palabras. Te echo de menos. 

viernes, 6 de julio de 2012

Canción de la semana

El vídeo que he elegido hoy, es una canción claro está. Pero he decidido mostrárosla, no por ser un hit que ha marcado mucho esta semana, ni tampoco porque haya sido el número uno más escuchado en la lista de canciones que rondan por la radio. La he elegido porque muestra el sentimiento, el cariño. El amor que cualquiera de nosotros daría por su pareja, esa a la que tanto queremos, y por la que cada día sonreiríamos por tenerla junto a la cama. 
Creo que no me queda más que decir. Espero que os guste. 


lunes, 2 de julio de 2012

Lagomar, un lugar lleno de talentos para barajar

La semana pasada tuve la suerte de poder asistir a la obra de teatro de una de mis actrices favoritas, esa a la que llamo mi prima por mucho que la genética diga lo contrario, quien se apoderó de la vergüenza al demostrar que realmente valía para ello. 
También pude ver a algunos amiguillos como Fernando, quien supo hacerse con el público al segundo, encantándoles con su improvisación y talento. 
O incluso a Mireia, a quién hacía un año que no veía, y tuve la suerte de poder verla actuar en su papel, su obra, su colegio.

Como decía, el placer que tuve de asistir al colegio Lagomar, se me vio recompensado con una magnífica actuación a manos de los alumnos de este. 
¿Quién iba a decir que unos humildes estudiantes serían capaces de lograr semejante actuación?
Representaron una serie de fragmentos de algunas obras pertenecientes a la generación del 27, a cada cual mejor.

Comenzaron con “La casa de Bernalda Alba”, de nuestro maravilloso Lorca, continuaron con “Prohibido suicidarse en primavera” de Alejandro Casona, “Melocotón en almíbar” de Miguel Mihura, para poder acabar así actuando todos y cada uno de ellos en “Eloísa está debajo de un almendro” de Enrique Jardiel Poncela.
Todas ellas fueron representadas para ser bien recibidas, porque la verdad es que talento no les faltaba. 

Quizás la que más me gustó fue esa última de Eloísa  porque además de sobreactuar cada uno de los roles asignados, tenía un toque de humor agradable para todos los públicos que supieron transmitir a la perfección.

Sin duda, no tengo que plantearme el volver si puedo tener una segunda oportunidad.
Se despide, una reportera del Ramón y Cajal. 

viernes, 29 de junio de 2012

A veces es mejor dejar el destino en manos del tiempo

¿Es difícil mantener una amistad?  Sí, puede serlo. Expongo mi situación. 
Llevo en el mismo colegio desde que tengo uso de razón. Y por mi vida han pasado millones de personas que me han ofrecido una cantidad de cariño increíble. 
Primero se empieza con lo típico, que si amiguitos de infantil, pandillas en el cole, y muy buenos compañeros. Pero a medida que uno crece, se va dando cuenta de que en realidad, cada uno de nosotros tenemos esos llamados “amigos de verdad”. ¿Cómo es eso? ¿Que los demás no lo son? Quiero decir… esas personas que tú eres consciente que tienes en cualquier momento difícil, que te ayudan pero no se van en los recreos contigo, ¿no lo son? Pues es así. El título de verdaderos se lo otorgan aquellos que permanecen a tu lado día y noche, truene o nieve. Porque tú el día de mañana tienes un problema, y ellos son los primeros que acuden a ti, para intentar calmarte, para buscar una solución, y para más tarde, llevarla a cabo. Corriendo un tupido velo, volviendo a mi realidad, puedo sentirme afortunada. Porque yo he sabido encontrar esos verdaderos amigos que dicen que son únicos en este mundo. De hecho, han pasado los años y he seguido contando con ellos y ellas para cualquier tema. En especial, quizás sean solo cinco. Pero para mí son suficientes, ¿no dicen que se cuentan con los dedos de una mano? Creo que no excedo el límite. Sí, he pasado largos años a su lado, de los cuales no me arrepiento de ninguno. Creo que he sabido escoger perfectamente. Eso, o soy demasiado afortunada por haberme encontrado con gente como esa. 


Pero lamentablemente siempre hay un final. Nadie dijo que esto fuera eterno. En algún momento los caminos de cada uno, hacen separar a la gente. Pero otras veces ocurre sin más. Llegas a un momento en el que decides no seguir. Te planteas el por qué debes continuar. Nadie niega que haya pasado buenos momentos, porque eso siempre quedará en el recuerdo. La cuestión comienza a ser distinta.
¿Los años venideros han de llenarse como los anteriores, o renovarlos con gente nueva, lugares diferentes, situaciones cambiadas…? 

Seguramente muchos de vosotros os preguntaréis que por qué me lo replanteo si tan maravillosa he expuesto mi vida. Resulta que como muy bien he dicho antes, a veces es cosa del destino. Tú no eliges cuándo dejar de ir con alguien, o sí. Pero no sabes concretamente el por qué. Al menos yo. Así que he decidido dejarme llevar. Creo que es la primera vez que no planeo mi vida. Porque soy muy de organizar y esquematizar todo lo que pienso y hago. Pero esta vez no será así. Simplemente dejaré que el tiempo lo cure. Teniendo mi conciencia tranquila. Relajada ante cualquier problema que más tarde pueda surgir. Porque la vida está hecha para disfrutarla. Y más si es en verano. ¿No decían carpe diem? Pues que se note que he aprendido latín. ¡A vivir la vida! 

lunes, 25 de junio de 2012

Una etapa más


Una noche que cambiaría nuestras vidas. Esa mágica cena que nos valoraría oficialmente como “los graduados en ESO”. Efectivamente, hablo de ese 21 de Junio de 2012. 

Nuestro recuerdo más preciado del ciclo. Un día que debemos guardar dentro de cada uno de nosotros por y para siempre. Se podría considerar esa “gala” en la que cada año, una nueva promoción logra eclipsar al profesorado e incluso a ellos mismos. Y así fue.

Una acalorada noche en el hotel Meliá Princesa, Madrid. Junto a todas aquellas personas con las que tantos momentos hemos compartido. Que como muy bien dijo Sara “son con todos aquellos con los que hemos vivido cada una de las etapas de nuestras vidas, y con los que pasaremos las venideras”
Me alegra saber que he terminado estos cuatro años de secundaria al fin. Sabiendo que los he compartido con una cantidad inmensa de cariño ofrecido por cada uno de ellos.

Fue bonito el recuerdo que me lleve a casa de esa cena. Pero no solo se quedó en aquel lugar, sino que la fiesta continuaba en el local, y más tarde en el pinar, para poder acabar así, desayunando todos juntos antes de llegar al colegio, como es tradición. Haciendo de nosotros, unos cualesquiera sí, pero graduados.


Desgraciada o afortunadamente ya llega un final más. 

Con el que podremos dar bienvenida a una nueva etapa. 

Esa terrible historia que cuentan, ese mito llamado bachillerato.

Pero para eso aún queda un poquito. 

Disfrutemos del verano, que ya habrá tiempo para quejarse en el próximo año, como ya es rutina. 

Pero ¿qué sería de una graduación sin los numerosos recuerdos que en ella se conservan?

Esos profesores que tanto nos insistieron.

Esos que siempre nos han ayudado cuando hemos tenido algún problema, o simplemente no entendíamos algo.


Pero también todos aquellos a los que les hemos cogido cariño.


Esos a los que nunca les falta una sonrisa.

Al contrario, siempre tienen felicidad para dar y regalar.

Esos que no solo han conseguido que aprendiéramos conceptos, sino valores. 

Esos... a los que tanto añoraremos el próximo año. Con sus virtudes y defectos.





Se despide, una graduada.